El Día del Hincha Iberiano

Por Jano Nahuel

Los jugadores defendían con dientes y muelas, corriendo la cancha con las últimas fuerzas que permitía el trajín de los 90 minutos del partido. El profe Ronald pedía recuperar la pelota, pero ésta esquiva de las huestes azulgrana, se hacía lejana y burlona, como queriendo hacer sufrir a los fieles que acompañaban al equipo lindo.

Los hijos del temporal buscaban por todos los flancos, querían celebrar con su gente, tenían todo preparado para ello, escenario y camisetas incluidas, y venía el humilde equipo del Bio Bio a aguarles la fiesta contra todo pronóstico. No lo podían creer.

Era el partido decisivo, para jugarse la vida, el todo por el todo para ir por el premio mayor. 91 minutos, la pelota se hacía amigable de nuevo, el pulso de los hinchas se aceleraba. Desde la banca  intentaban entregar calma a sus guerreros. Nosotros desde afuera creíamos que era imposible. A miles de kilómetros me acordaba de mi viejo, que en Medellín sufría como todos esperando el final.

Ya no quedaban uñas, el corazón se aceleraba a punto de estallar. En ocasiones pensé que se me saldría saltando del pecho. Y el partido no terminaba. Quería escuchar ese pitazo final para caer en delirio y pensar en el ascenso.

El gol de Álvaro “Didi” Torres nos daba la mínima ventaja, ese gol que abría esperanzas y devolvía el sueño de tantos años, le convertiría en el jugador histórico del club. Aún quedaba garganta de haber gritado ese gol, quería gritar el final de partido y recobrar el aliento que se me entrecortaba con cada segundo transcurrido.

El árbitro toca su silbato por última vez, la pelota deja de correr en el sintético del Chinquihue y dictamina el triunfo de Iberia sobre el local, quitándole el ascenso en su casa. Algarabía total, abrazos furibundos entre los iberianos, el gran anhelo esta más cerca, se ha recuperado la primera opción, con garra, pasión, bravura y sobre todo con amor propio.

Un 22 de marzo que nunca olvidaremos, el día del hincha iberiano, de locura, pasión y muerte. De miles de sentimientos amalgamados, de gritos eufóricos y llantos apasionados.

Que lindo es ser iberiano.