¿Que Nos Depara El Destino Azulgranas?

Por Jano Nahuel

Un pequeño descanso para que los equipos se pongan al día en los partidos pendientes, se empareje la cancha y se enfrenten los últimos metros de esta carrera que se nos hizo eterna.

A Iberia no le viene nada mal este mini receso. El equipo jugó una serie de complejos partidos, con intervalo de tres días, bajo una intensa presión para salir de la zona roja, sorteando rivales directos que se jugaban la vida al igual que nosotros y que, gracias al buen trabajo del profesor Lobos y su equipo, se consiguió despejar la pelota y respirar tranquilos. Ahora con las piernas y la cabeza más aliviadas se debe enfrentar el cierre del torneo para quedar en mejor posición y tener una estadística algo más positiva. Digo ¿No?

 Me tocó estar en el partido clave contra Colina en el Bicentenario de La Florida acompañando la azulgrana querida. Hacía mucho rato que no podía estar ahí, lo esperaba con ansias. Mi cumpa, con la emoción propia de quienes amamos este jueguito contó 465 días lejos de la cancha, yo sinceramente perdí la cuenta.

Anécdota aparte, el día anterior saliendo a despejar el encierro, me encontré con el bus y la delegación iberiana a un par de cuadras de mi casa y me mandé un “hotelazo” en solitario gritando ahí en Ñuñoa. Encendido llegué al estadio para ver a mi equipo.

Los partidos se viven de forma inusual en estas condiciones de futbol pandémico; se extraña el canto de la Banda, los gritos de la galería y la talla pícara del hincha. Pero, por otra parte, hay cositas de las que uno normalmente no se percata por “el sonido ambiente”. Ahora se oyen con claridad los gritos en cancha donde resaltan los “cierra ahí”, “tranquilo ya va salir”, el aliento permanente entre compañeros y sobre todo la dirección desde la banca.

Sentado a todo sol, pero justamente a continuación de la banca azulgrana, quedé gratamente sorprendido con el liderazgo del profesor Eduardo Lobos. Claridad en sus instrucciones al equipo en cancha, disponiéndose él para discutir jugadas dudosas ante el mal arbitraje y sobre todo el carácter pedagógico en el trato a los jugadores, los gritos justos y necesarios para corregir alguna jugada, para animar sin desorientar a sus dirigidos y mantener la moral.

Estas cosas no deberían sorprender pues son inherentes a la dirección de un grupo, pero en este Iberia de los últimos años tener un cuerpo técnico unido y que mantenga el camarín tranquilo y conforme es todo un reto y se debe reconocer.

Digamos las cosas como son, el factor común en los peores Iberia de los últimos años, el del 2017 que descendió de la división de plata y éste, que hasta antes del cambio de dirección técnica nos tuvo listos para bajar más allá del potrero, ha sido la fracción del grupo por falta de liderazgo, camarín bajo incertidumbre constante y mandos erráticos que nublan el rumbo.

El año 2017 bajo la tutela del profe Landeros, todo el mundo sabía que la manzana de la discordia era Lefemiere, quien se metió en disputas personales con jugadores, cortando a algunos inclusive, pasando por encima de la autoridad del Director Técnico, algo que tenia podrido a todo el mundo que terminó con tragedia para el pueblo azulgrana.

Para Jorge Contreras, fue su des-ayudante técnico René Ávila quien rompió la tranquilidad del grupo de jugadores, siempre trató de tener más jinetas que su jefe, confundiendo el mando dentro del camarín y el trato con los jugadores, instalando la nube negra que nos tuvo a muy mal traer en el torneo. Algo en verdad extraño, por decir lo menos, con toda la trayectoria que el profe Koke como jugador y prominente director técnico tiene, pero que no pudo revertir la situación y tomar las decisiones correctas para sacar el equipo del pozo donde se hundía.

Dos muy buenos técnicos, reconocidos por su visión de juego y calidad humana, grandes personas opacados por el excesivo protagonismo de sus ayudantes que los ha dejado tan solo como un muy mal recuerdo para los hinchas en su paso por el club azulgrana.

Da para al menos una reflexión al menos ¿o no?

Faltando aún un par de fechas para el final de este campeonato para el olvido, muchos hinchas han comenzado a pensar en la temporada que viene. Una forma terapéutica de dejar atrás el año futbolístico de nuestro iberito también, pensar en nombres, soñar con la vuelta de algunos que marcaron historia en el club y buscar un objetivo mayor.

En lo personal, creo que se debiese, como primera medida en busca de hacer las cosas bien, transparentar el proyecto deportivo de Iberia, sobre todo para visualizar como se proyecta el club en los próximos años. Si es que existe, claro está. Hay que conocerlo a cabalidad para saber dónde estamos parados y que es lo que se puede esperar para el club en el mediano y largo plazo. Y ver, como no, si en este plan estamos considerados los hinchas también, si seguiremos siendo meros espectadores diseñando camisetas o haciendo pulso y ñeque anónimamente. Hace rato que se piden espacios para participar, si existiese alguna instancia creo que varios estaríamos disponibles para ello.

Ya que sigo opinando desde mi vereda, muy personal quiero aclarar, anhelo un cambio radical donde se mueven los hilos del club, donde se toman decisiones y me la jugaría por la incorporación de José Gastón Salcedo. Está demás nombrar los pergaminos del Galgo y su trayectoria en el club, solo decir que está más que capacitado para asumir un cargo directivo por sus condiciones de líder, el reconocimiento del medio a nivel nacional y su preparación constante. Un hombre que analizará, proyectará y decidirá pensando en el club y no solo en las arcas de éste.

 En fin. Una pausa que nos permite el análisis con el diario del domingo como dicen por ahí, al menos tenemos la tranquilidad de zafar del infierno, y desde allí nos sentamos a mirar para adelante, hacer futbol de ficción y pensar, ante esta historia reciente, que es lo que queremos para este equipo amado y que nos depara el destino camaradas azulgrana.

Por último, enviar toda la fuerza a todos nuestros camaradas que han sufrido los embates de una crisis sanitaria sin igual, la del bolsillo que venia amarrada y todas las tristezas que han chorreado. Aguante Luchito, que ha visto partir a su padre este día y aguante todos los hinchas sacrificados de este pueblo azulgrana. Fe, que tal como este año, ya brillará el sol nuevamente.