Y Ahora Es Simplemente Un Crack

Por Jano Nahue

“Sueños de niñez, pichangas del barrio, cara sucia, sudor y barro”

Los Miserables

 

 

Tengo un amigo que cuando era chico se creía Ricardo Zepeda. Aún juega al arco mi cumpa. Se tira tallas solo en la pichanga de los martes diciendo que ha dejado una vez más las manos en la casa. Ataja unas increíbles y a veces las más simples tiene que ir a buscarlas enredadas en la malla. Le pone empeño si y lo más importante, le gusta atajar, se siente bien en ese puesto ingrato que nadie quiere y que muchas veces se decide por un nervioso cachipún entre los que siempre quieren jugar adelante.

 

La frase clásica y casi siútica dice que es el puesto más ingrato del fútbol. Eres héroe y villano, ganas aplausos y pueteadas en un mismo partido incluso. No hay términos medios con el portero, el podio o el sótano. Por eso creo que es de valientes ponerse el 1 en la espalda. Hay que estar medio loco para jugar solo bajo los tres palos, hay que tener la tremenda perso nomás, como tiene mi cumpa.

 

Y siempre dice que Zepeda lo inspiró a jugar bajo los tres palos, el mítico portero azulgrana de la segunda mitad de los años 80’s fue uno de los grandes metas que pasaron por el cuadro angelino que siempre se ha caracterizado por cubrir ese puesto con eficiencia icónica.

 

Mi viejo me cuenta que Marco Pacheco era un capo, que atajaba hasta el viento y sacó campeón al equipo lindo en esa gesta legendaria el año 84 de la Copa Pollagol. También recuerdo a Sam Bravo, al Leo Figueroa y las dos pasadas del Manu Vargas, todos porterazos. Y a Franco Cabrera, ufff, uno que dejó una huella imborrable no solo por sus condiciones de atajador, sino por su inmensa calidad humana y profundo sentido de identidad y cariño por la azulgrana. Su partida fue sentida por los hinchas, se le extrañó demasiado al Gato en la temporada pasada, lo lloramos a mares. Y justo cuando creíamos que ese vacío no se lograba llenar con nada, aparece este muchacho de Caleta Lenga que con humildad y trabajo ha devuelto la tradición al equipo del Bio Bio.

 

Gustavo Merino, el formado en Naval que ha vencido a la adversidad del fuego se ha posicionado como el número 1 fijo en el cuadro de Almendra, se ha ganado el respeto y cariño de la afición y camina con tranquilidad como el mejor arquero del campeonato.

 

Y es que El Pescado ha tenido partidos sencillamente notables, y a sus 22 años muestra experiencia de veterano. Buena ubicación, velocidad y un orden implacable con sus defensas lo tienen hoy con solo 1 gol recibido en 6 fechas jugadas. La verdad, no recuerdo un record de esta naturaleza en nuestro equipo. Oiga, y se ha pegado unas atajadas de esas para enmarcarlas, achicando en el barro angolino y volando en Los Ángeles, sacando aplausos, transmitiendo seguridad no solo a sus compañeros, sino también a los hinchas que reconocen sus virtudes y le retribuyen con cariño cada una de sus tapadas, de esas que ganan partidos.

 

El puesto de arquero era una incógnita esta temporada, todos pedíamos experiencia y estábamos dispuestos a sacrificar un cupo para ello. En una división como esta pesa mucho el número 1, desde allí se arma el equipo y Merino ha sabido con creces apagar esa incertidumbre.

 

No tengo dudas que El Pescado es el mejor de la división, y en su corta edad aún le queda mucho por crecer, por aprender y por ganar. Llegará lejos y dará que hablar en el medio, estoy seguro. Esperemos que sea con Iberia que consiga esos triunfos, que levante copas y grite campeón, que su sueño de niño se cumpla y que las palabras de Ernesto Díaz, que se popularizaron en la canción “El Crack” se hagan parte de su leyenda;  “De su humildad salto al éxito, y ahora es simplemente un crack”.

 

Grande Pescado.